
¡Hoy es el día en el que el Señor Jesucristo ha resucitado de entre los muertos!
Él es nuestra alegría y nuestro gozo. Testificamos y anunciamos su Resurrección. Él nos ha unido al Padre con una nueva y eterna alianza.
¡Ha resucitado! Y nadie ya podrá jamás volver a darle muerte.
¡Ha resucitado! Y esta plenitud de Vida, sin luto, sin llanto ni dolor, sin amenaza alguna, es la Verdad y la Esperanza que guían nuestro vivir y nuestro obrar.
¡Ha resucitado! Y Él, lucero que no conoce ocaso, hace que ya no sea noche en el corazón creyente. Y su Paz, no como la da el mundo, se ha convertido para cada uno de nosotros en don y tarea.
¡Ha resucitado! Y nos hace hijos de la Luz, portadores de Esperanza, sembradores de Amor.
“Y creyó que Él había de resucitar de entre los muertos”
Transformación del pesimismo: El mensaje pascual cambia la mirada sobre el mundo. En lugar de enfocarse solo en las crisis o la falta de valores, la resurrección aporta una «alegría contagiosa» y motivos para seguir construyendo el bien a pesar de las circunstancias negativas.
Presencia constante: No es el recuerdo de alguien que se fue, sino la experiencia de alguien que camina al lado. Esto aporta una compañía espiritual en la soledad y una guía en la toma de decisiones cotidianas.



