



(San Mateo 11,25-27)
.
.
.
.
.
..
.
El hombre amigo, sacerdote limpio, el padre del pobre, hermano del rechazado, del caído. El hombre que en todos estos años se solidarizó con nuestra miseria, con nuestra pobreza, con nuestra desgracia. El hombre que nos ha dado ejemplo, en todo momento, de cristiano, de pastor, de espontaneidad, de amor, de aceptación, de ciudadanía y también de patriotismo. Esta parroquia es testigo de su hombría ante el desafío del poder, injusto, que destruye nuestra pobreza convirtiéndola en miseria.


